sábado, 14 de enero de 2017

The grace of my men


     Is a delightful vulnerability, indeed.  Not a vulgar power or the touch of an inflamed muscle
                     in those enraged, close moments.
Not the look.  The crooked look from aged wells that confines centuries of violences.
The grace of my men is their final feeling, finally... the deepest penetration.

sábado, 31 de diciembre de 2016

I began to get angry



I began to get angry and wondered why some people are so afraid of 

the power of the mind and of thought. Why did they think that 

sending the brightest young people in China to military training

camps would be good for them, or for the country?  How silly, I

thought.  And I also considered that some people just don't 

understand that the journey of the mind is never deterred by 

physical hardship.  In fact, probably, just the opposite.  The more 

people suffer, the more they search for answers.  My heart felt the 

weight of a profound sadness.  Camps and mass rehabilitations had 

been the trademark of the Cultural Revolution.  Now, twenty-five 

years after it had ended, people were still being marched to these 

camps to be 'educated'.

                             Diane Wei Liang
                            Lake with no name

                              
                        


jueves, 29 de diciembre de 2016

Antros del amor callado


Guaridas de no retorno
donde tiembla el tiempo entre los pliegos
cuántas veces deseé ser eso, simplemente el olor oculto
                                                   del libro usado

que rasguña capilares neuronales y sacude todas las papilas
allí dentro.  Allí al fondo.  Casi una cuestión de hormonas,
de onanismo incluso. Elevado a ese punto donde se estira
el grito no emitido, el del máximo placer.

El grito sordo que provoca el trueno del lenguaje condensado
en bacanal y eternidad

Cobijo de borrachos quisiera que fuerais también, librerías.
Para cuando, al levantar la cabeza de la hoja, comprobar
el sentido, la congruencia.

Y así, mientras deliro lo imposible y me hundo en vosotras, cuevas de tantos mundos, tan ostentosamente posibles,
acaricio la mancha, la marca, la fecha. La firma.

Esa vida que alguna vez amó este libro,
 y yo reviví.

lunes, 26 de diciembre de 2016

La noche vierte

Porto

La noche vierte sobre nosotros su misterio,
y algo nos dice que morir es despertar,,,,,,,,,,

jueves, 22 de diciembre de 2016

Un dictador nunca será un ex



Un expresidente siempre será un expresidente; un dictador nunca será un ex.
(Porque se nos quedó adentro).

                                                                      Alejandro Quino

sábado, 17 de diciembre de 2016

So many just like you

Acuarela de Herminia Delgado-Núñez

    You do not need to hide your names, today there are so many just like you
                                                                          
                                                                                      Li She, ninth century         

viernes, 9 de diciembre de 2016

Lélek

Cortesía de Zaida Fernández


Un relato poético de los que  me gustan a mí, con un pie aquí y otro allá, escrito por Krisztián Réfi, un autor húngaro de tan solo 18 años participante del taller de creación narrativa que imparto de forma itinerante en su país desde hace unos cuantos meses. Krisztián promete, por su forma humanitaria de configurar el horror. Aunque no sea precisamente "humanitario" el concepto exacto que lo define.  También es afortunado por la apabullante poesía que contiene su idioma, del cual en ocasiones realiza traducciones literales para llevar al español que ya domina.  Tales trasplantes son insustituibles. Alguien que denomina al cuerpo "domicilio natural" tendrá siempre, siempre a las letras de su lado.   
                       
                       Y sobre el título, hermosa palabra cuyo significado es alma.



Lélek


La sensación ardía su piel desde adentro, desde los inicios. Se olvidó de cuándo había entrado en este estado anormal, en el estado en que sentía nada excepto el fuego quemando su interior. Se olvidó de su nombre, de su vida, de todo lo que era parte de su estructura. Tenía la sensación de flotar en el mundo sin objetivo, sin ninguna meta. No podía saber si había muerto o si seguía viviendo. Esta cuestión le consumía como si millones de carcomas le estuvieran devorando sus interiores pedazo a pedazo. 

Como flotando en el océano de la nada, notó un cuerpo acostado abajo de él. Tenía un deseo fuerte de tocarle pero no se podía mover. Por alguna razón sentía este cuerpo suyo e intentó moverse otra vez con desesperación. Un médico apareció de repente para chequear el pulso del cuerpo. Había una máquina instalada al lado de la cama en que el mismo estaba estacionado. El doctor continuó tocando el cuello del paciente buscando el pulso por unos segundos más. Retiró la mano y salió de la habitación. Entonces, él se encontró solo allí nuevamente mirando al cuerpo, intentando ocuparlo. Esta vez se movió, fue capaz de volar hacia la cama. A pesar de todos los esfuerzos, no pudo entrar en él. Había una pared invisible que no le dejaba acercarse a su domicilio natural. La desesperación aumentaba y aumentaba dentro de él y una emoción asfixiante inundaba su espíritu poco a poco. La puerta se abrió y el médico regresó con una enfermera. El doctor escribió algo en un papel mientras que la mujer apagaba la máquina conectada al cuerpo. En ese momento un soplido de aire helado congeló su alma (su „lélek”) dejándolo temblando de frío. 

La tristeza y el miedo relevaron a su desesperación, trayendo la oscuridad de lo desconocido. 

Minutos o quizás horas pasaron hasta que la oscuridad se descompuso. Vio al médico nuevamente, ahora estaba poniendo una cubierta encima del cuerpo, después lo empujó fuera de la habitación. Él salió también flotando al lado de la cama. Fueron a través de innumerables corredores y al final llegaron a una sala con un texto en la puerta que decía ’CREMATORIO’. El lugar emitía el sabor de la muerte, el calor del fin eternal. El doctor abrió la puerta y entró con el cuerpo. Los hornos trabajaban sin descanso quemando docenas de muertos. La sala estaba llena de gritos, los gritos de los fallecidos. Estos no se oían en el mundo material pero él oía cada uno de ellos perfectamente. Ya estaba en otro mundo, otra realidad, el más allá. Era otra dimensión que ni el médico, ni la enfermera, ni nadie comprendía. Fue entonces cuando entendió que no estaba vivo.                     Él había muerto.